martes, 24 de julio de 2012

La Justicia: Un Pulpo Gigante


Takahashi, uno de los personajes principales de After Dark (Haruki Murakami), en un momento de la historia comienza a relatar y explicar su creencia sobre “el gran mural de roca” que existe entre los que cometen delitos y él. Habla de por qué siente que dicho mural se desvanece y transforma en una pequeña muralla de cartón:

Takahashi pasa la yema del dedo por el borde de la taza de café.
–Y en cuanto empecé a pensar de esa forma, hubo muchas cosas que se me aparecieron bajo un prisma diferente. Vi el sistema judicial, en sí mismo, como un ser vivo especial, extraño.
–¿Un ser vivo especial?
–Sí. Un pulpo, por ejemplo. Un pulpo gigantesco que habita en las profundidades marinas. Tiene una vitalidad extraordinaria, avanza por el fondo negro del océano haciendo serpentear un montón de largos tentáculos. Mientras asistía a los juicios, no pude evitar imaginármelo de esa forma. Y ese ser vivo adopta diferentes formas, ¿sabes? A veces adopta la forma del Estado; otras, la de las leyes. También puede adoptar formas retorcidas, más complejas. Y aunque le cortes una y otra vez los tentáculos, vuelven a crecer, siempre. Nadie puede acabar con él. Es demasiado fuerte, vive en una sima demasiado profunda. Ni siquiera sabemos dónde tiene el corazón. Yo, en aquellos momentos, sentí terror. Y me desesperaba pensar que, por muy lejos que intentara escapar, sería incapaz de huir de él. Aquel ser no piensa que yo soy yo y que tú eres tú. Ante él, todos perdemos nuestro nombre, todos dejamos de tener un rostro. Todos nos convertimos en un signo. En un simple número.

Nunca había escuchado metáfora mejor (exceptuando el ajedrez) sobre cómo opera en nosotros la justicia, el estado o las leyes. Este aparente pulpo que desconocemos nos controla y domina, sin embargo, no creo necesariamente que sea debido a la gran fuerza que posee o por su gran tamaño, sino más bien porque ignoramos su existencia, o tal como Takahashi dice “ni siquiera sabemos dónde tiene el corazón”, es decir, no sabemos dónde nace, por qué está ahí o de dónde viene. Por esta razón, pienso que lo verdaderamente importante no es saber tanto sobre su procedencia, lugar o identidad, sino que ser conscientes de que este pulpo vive y depende de cada uno de nosotros, o sea, si no estuviéramos él no existiría y por tanto somos quienes debemos tomar cada tentáculo que nos amarra y redirigirlo para controlarlo a él, y no viceversa.

Si para este pulpo somos un simple número más de los infinitos que pueden existir, por qué no quitar ese signo sobre nosotros y cambiarlo por nuestro nombre ¿Cómo? Estando conscientes de que tenemos un nombre, que tenemos una voz y que somos un todo. Imagina, por ejemplo, a este pulpo bajo el agua controlando con sus tentáculos a todos los peces que habitan allí. Ahora imagina nuevamente a cada uno de estos peces mirando hacia arriba y dándose cuenta del tentáculo que lo domina, ahora todos se voltean y se vuelve hacia este gran pulpo devastador ¿Se vería igual de abrumador que antes? Nada más imagina siendo ese pulpo en ese momento y ya está. Probablemente la imagen de este ser vivo incontrolable se volvería a lo menos controlable.

Finalmente, si pensamos un poquito más allá, ¿qué es la vida si no una red de tentáculos invisibles que une unos con otros?