¿Cuántas veces pasamos al lado de un árbol, un bosque, una planta, etc., sin darnos cuenta siquiera de su grandeza y energía espiritual?
Siendo humanos, y más aún, seres vivos al igual que los animales y las plantas, debiésemos deternos a pensar y percatarnos de lo importante que significa la naturaleza y el medio ambiente para nuestro desarrollo personal.
Se nos pasa el día sin escuchar un pájaro, sin caminar entre algunos árboles (¿sabía usted que está comprobado que caminar en lugares que hay árboles mejora la salud y la esperanza de vida, en comparación con lugares en donde no los hay?), sin sentir nuestro cuerpo o nuestras manos, sin pensar en un otro, sin pensar en Lo Otro, etc. Y así es probablemenre hasta el día en que nuestro cuerpo deja de funcionar, qué pena.
Lo peor es que nisiquiera es nuestra culpa. Estamos todo el día recibiendo estímulos de diferentes partes que nos incitan a consumir y a alejarnos de nuestro ser esencial, ese que una vez fuimos y que a medida que nos vamos adentrando más y más en el mercado, en el sistema, en lo irreal, vamos perdiendo.
No se trata tampoco de vivir la vida como un ermitaño en una montaña en lontananza, pero sí de que deberíamos darnos un tiempo para conectarnos con nosotros mismos, observar la belleza que hay en nuestro alrededor y desconectarnos de esta matrix que nos ciega cada día un poquito más.
Se trata de intentar cultivar nuestra alma a través del arte (el que se prefiera) e intentar hacer lo que todas las religiones buscan o buscaban hacer antes de que aparecieran todos estos curitas que dícense hijos de Dios y defienden su pedofilia; esto no es más que el despertar de la conciencia, que justamente en comunión con la naturaleza se puede lograr.
No busque en lo demás lo que está en usted mismo...






