domingo, 12 de agosto de 2012
El mercader de Venecia y otras vanidades
El príncipe de Marruecos al elegir el cofre de oro que él creía contener la foto de Porcia, encuentra a su pesar, una calavera con la inscripción: "No es oro todo lo que reluce: así dice el refrán antiguo; tú verás si tiene razón. ¡A cuántos ha engañado en la vida una vana exterioridad! En dorado sepulcro habitan los gusanos. Si hubieras tenido tanta discreción y buen juicio como valor y osadía, no te hablaría de esta suerte, mi hueca y apagada voz. Vete en buen hora, ya que te ha salido fría la pretensión".
Como amante de la moda, el buen vestir y un montón de otras vanidades y superficialidades, solo puedo admitir que tal como Shakespeare en la cita anterior alude al carácter falsificador de la realidad en cuanto a espectáculo, imágen o materialidad, todo es simplemente un alimento para el ego y goce estético (estético desde la apreciación personal) que a pesar de ser superfluo es necesario si se quiere participar activamente en lo que hoy entendemos como nuestra construcción del entorno e identidad.
Eso sí, siempre hay que tener claro que al fin y al cabo, "todo es vanidad de vanidades".
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