Dios, una divinidad, una energía superior, o cómo se quiera llamar a la creencia de un ente espiritual-superior, es más de lo que predican estas personas "santas" (personas, como todos nosotros, vestidos de negro con un cuadrito blanco al centro del cuello).
Los casos de pedofilia cada vez son más, ¿acaso es que algo está afectando ultimamente a los curitas? ¿no será ahora el momento en que las personas se están atreviendo a denunciarlos? El poder de la iglesia amigos míos, ha estado escrito a lo largo de la historia y no ha sido menor. Desde los orígenes coloniales que la iglesia ha tenido vínculos directos con la monarquía, el papado y una serie de poderes civiles. Por ende, ¿cuántos casos estarán aún a la sombra de esta institución? Si se tiene un "cierto" poder de control social, ¿acaso no se usará éste para defender y cubrir cualquier situación en la que se vea implicado?
Abramos los ojos, esta iglesia no es más que una jerarquía eclesiástica que busca seguir con cierto poderío (como todo el mundo busca mantener su posición de privilegio en la sociedad), a través de una "bonita prédica discursiva".
No necesitamos a un otro que nos conecte con Dios, o cuaquier ente espiritual en el que se crea, por que la verdad está dentro de cada uno de nosotros. Existen otras maneras de transmitir valores y consciencia, no solo ésta, que además no parece ser muy consecuente con sus actores.
Es por lo menos tragi-cómico que un pedófilo (porque aunque cueste decirlo, es así, no sigamos usando eufemismos para tapar la realidad), venga a hablarnos de valores morales-cristianos siendo que él está cometiendo el peor crimen que se puede hacer: la violacion a los derechos humanos y más aún, el ultraje de la inocencia a un niño, un alma pura.
Acá os dejo una lista, de 65 sacerdotes acusados de abusos sexuales en México:
Estos son solo unos pocos dentro de un determinado país (méxico). Imáginen cuantos saldrían si se realizara una lista, con todos los casos existentes, a lo largo de la historia en todo el mundo.
¿se podría terminar algún día?
L. Villanueva

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